Por trece razones – Jay Asher

Hoy regreso a las lecturas juveniles con Por trece razones. Debo reconocer que tenía altas expectativas para este libro que, finalmente, me decepcionó.

La novela narra la historia de Hannah, una joven que decide suicidarse y previamente graba trece cintas en las que detalla las razones que la llevan a tomar su decisión, culpando a terceros por la carencia de sentido de su propia vida. Todo esto lo vemos a través de los ojos de Clay Jensen, quien fuera compañero de clases -y también de trabajo- de la chica en cuestión.

Clay recibe las cintas -y un mapa con lugares asociados a las razones- y, a medida que las escucha, nos enteramos de los por qué de Hannah, los cuales, debo decir, dejan bastante que desear, a pesar de que algunas sean un poquito escalofriantes para tratarse de una novela juvenil.

A medida que pasan las páginas, vemos cómo el mundo de Hannah se desmorona y cómo ella misma, con su decisión ya tomada, se abandona, culpando a otros por no haber sido un apoyo para ella y su fatalidad, obviando en su búsqueda de salvación a las personas correctas.

Lo que más llama la atención de la novela es la trama, bastante interesante. Antes de morir, Hannah graba estas trece cintas muy a lengua suelta, obligando a los culpables de su muerte que las vayan pasando de mano en mano, descubriéndose entre ellos y sin poder hacer más que compartir sus “terribles” secretos. De alguna manera este secretismo en torno a las cintas se me hace similar al que rodeaba a los participantes de Erebos, de Úrsula Poznanski.

La novela entretiene por su formato novedoso y el final de la misma -interesante de analizar-, pero de todas formas las razones en sí, a pesar de estar conectadas unas con otras, llevarían al suicidio solo a aquel que ya ha tomado la decisión, es decir, no son más que trece excusas, lo que quita verosimilitud a la novela ya desinflada obra de Asher, que sobrevive a duras penas con una historia interesante, pero sin el desarrollo que uno como lector busca.

CITAS DEL LIBRO:

  • El aire fresco no es la única razón por la que continúo temblando. Con cada cara de cada cinta, un viejo recuerdo se vuelve patas arriba. Una reputación se retuerce convirtiendo a la persona en alguien a quien no reconozco.
  • Estoy escuchando cómo alguien abandona. Alguien a quien conocía. Alguien que me gustaba. Estoy escuchando. Pero aún así, llego demasiado tarde.
  • O quizá quería que alguien me señalase con el dedo y me dijiese: “Hannah, ¿estás pensando en matarte? Por favor, no lo hagas, Hannah. Por favor”. Pero en lo más profundo, la verdad era que la única persona que decía aquello era yo. En lo más profundo, aquellas eran mis palabras.
  • Se me quiebra la voz, y con ello viene un torrente de lágrimas. Tony no responde. Mira hacia la calle vacía, me permite que me quede sentado en su coche y la eche de menos. Que la eche de menos cada vez que tomo aliento. Que la eche de menos con un corazón que parece tan frío cuando está solo, pero cálido cuando las imágenes de ella fluyen a través de mí.

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