La mujer de mi vida – Carla Guelfenbein

Carla Guelfenbein es de esas escritoras que no necesitan más que palabras para enamorar. Ya lo había notado previamente con El resto es silencio y Nadar desnudas, por lo que con La mujer de mi vida no hago más que reafirmar esta aseveración.

La historia se centra en un trío de amigos bastante singular. Theo es un inglés que nos cuenta cómo conoció a Antonio y Clara, un par de chilenos refugiados en la Inglaterra de los años ochenta tras el golpe militar, con los cuales generó una amistad entrañable. Quince años después del quiebre del vínculo que unía a estos tres seres -uno de los grandes misterios que la autora se reserva hasta el final de la novela-, Theo recibe una llamada de su otrora amigo Antonio para que invitarlo a Puerto Montt a pasar las navidades, oportunidad única para atar cabos sueltos y sincerar secretos del pasado.

La mujer de mi vida es una novela que, sin pertenecer al género del thriller, mantiene expectante respecto a los hechos descritos y por descubrir. Una novela que intriga, entretiene, y sobre todo, perfila a sus personajes al dedillo, con lo bueno y lo malo. Como humanos. Carla Guelfenbein tiene el don de generar personajes ficticios excepcionales, de esos que quedan en el lector, con sus respectivas cargas emocionales, necesitados de amor, de entendimiento, de auxilio.

Esta novela, cronológicamente, es la segunda al haber de la autora, y si hay algo que destacar en Guelfenbein, es el crecimiento tanto en el lenguaje empleado como en la formulación de las imágenes, cada vez más elegantes y mejor seleccionadas. Cabe mencionar también la ausencia de recursos efectistas en el estilo de la autora, tal como postula la revista Artes y Letras de El Mercurio, lo que se agradece y, a fin de cuentas, no hace más que destacarla dentro del medio literario local.

La mujer de mi vida es una historia entrañable sobre la vida misma y sobre cómo el destino puede forjarse por medio de los sacrificios que se esté dispuesto a asumir a lo largo del camino. Un imperdible para la biblioteca personal.

CITAS DEL LIBRO:

  • Al final, todo se reduce más o menos a lo mismo -dije-: optar por vivir en lugar de morirse, y en el camino imaginar que no estás tan solo, que lo que haces y eres le importa a alguien.
  • A veces los recuerdos se hacen una madeja en mi cabeza, ni siquiera logro distinguir las cosas que algún día imaginé de las que viví. ¿Te ha pasado eso alguna vez? -preguntó inclinando la cabeza-. A mí me gusta, porque así la realidad es menos estrecha.
  • Quise dormir con ella, pero también despertarme a su lado; según creía en ese entonces, lo que distingue el sexo del amor.
  • Yo necesitaba sus certezas, que por primera vez ahuyentaban la soledad que había sentido desde niño; necesitaba la imagen mejorada que me devolvía de mí mismo; necesitaba sus ideales, porque yo nunca había tenido los míos.
  • Al parecer, los instantes que anteceden a los grandes momentos tienen una cualidad especial que los hace muchas veces más excitantes que el evento mismo. Es tal vez, el vértigo de estar suspendido en el borde de un momento donde todo aún es posible.
  • Aunque sin ser consciente de ello entonces, lo que de verdad me movía no era Bernard, sino la imperiosa necesidad de emigrar a un sitio donde los riesgos exteriores fueran más potentes que los de mi interior.
  • Supongo que los abandonos son así. Primero, deja de importarte lo que el otro piensa, sus discursos y argumentos te empiezan a sonar rancios; luego, te desinteresas de lo que hace, de lo que siente, y sin darte cuenta, paf, partes. No importa que sigas ahí, compartiendo el café por la mañana. Ya has partido y lo que queda de ti apenas es una cáscara.
  • Al principio recibió mi abrazo con cautela, luego con abandono. Me estremecí. No era tan solo el contacto de su cuerpo, era la sensación de que por mucho que yo la estrechara, que la apresara entre mis brazos, nunca alcanzaría ese espacio solitario donde ella habitaba.