Inferno – Dan Brown | Rincón de Crítica Literaria

InfernoEl profesor Robert Langdon está de regreso. Después de cuatro años de vacaciones, nos lo rencontramos en su cuarta aventura del puño de Dan Brown -previamente en Ángeles y Demonios, El código Da Vinci y El símbolo perdido-. No puedo dejar de pensar en Langdon como un James Bond moderno, mucho más culto y geek que el 007, pero que de todas formas se las arregla para vivir aventuras de lo más controvertidas y apasionantes. E Inferno no podía ser la excepción, por supuesto.

La nueva novela de Dan Brown se gestó bajo los más altos estándares de confidencialidad. Es que no todos los autores pueden darse el lujo de que su editorial tenga a traductores de más lenguas que dedos en el cuerpo sin contacto con el mundo hasta finalizar las traducciones del manuscrito, con el objetivo de que Inferno se lance en todo el mundo el mismo día. Eso es tener fe en un libro. Y bueno, saben que con Dan Brown pueden tenerla, porque a pesar de que muchas veces el autor haya sido cuestionado por más de algún error en sus novelas, es imposible desmerecer su poder de ventas. Y cuando piensas que la fórmula ya está architrillada -ojo, con esto no dijo que no nos guste, pero sí que se nos vuelve un tanto previsible-, Brown viene y le tuerce la mano al destino. Porque en Inferno deja de lado su enemistad con la Iglesia Católica -había escrito “caótica” sin darme cuenta- y nos ofrece nuevas conspiraciones que nos dejarán, por decir lo menos, con unos cuantos cuestionamientos existenciales. Y bravo, bravo, bravo por eso, Dan Brown.

A lo que vinimos: Robert Langdon despierta en un hospital sin recordar nada relacionado con los últimos dos días de su vida. Y aquí lo interesante: se da cuenta de que está en Florencia -él es profesor de Harvard, saque sus conclusiones- y que lleva consigo un objeto que, al parecer, es un arma biológica. Es así que junto a la chica Langdon de turno, Sienna Brooks, una médico de suma inteligencia -si Bond tiene sus musas, ¿por qué el profesor no?-, escapa de unos hombres que intentan asesinarlo para conseguir la supuesta arma biológica. Dado este escenario, Langdon tendrá que descubrir los códigos que un científico obsesionado con el fin del mundo le irá dejando a través de uno de los poemas épicos más influyentes de la historia: La divina comedia de Dante. Es así que gracias a estos códigos, Langdon y la doctora Brooks descubrirán un nuevo paradigma científico que puede tener más de un fin, entre ellos, terminar con nuestra especie.

Inferno es una novela entretenida, rápida, con muchos giros argumentales y cliffhangers que no hacen más que aumentar las ansias de leer. Brown trabaja una prosa muy visual, y a ratos peca de ser excesivamente cinematográfico -¿será que aún trabaja en el guión de El símbolo perdido?-, pero la cuestión aquí es entretener, y si medimos el resultado en base a ese objetivo, al terminar la lectura nos damos cuenta que se logra y con creces. La lectura es dinámica, los personajes memorables y la historia verosímil. A mi gusto, lo más interesante de la novela de Brown son los planteamientos respecto a la humanidad, al transhumanismo, la evolución y el futuro de nuestra especie. Temas relevantes que darán qué hablar, y ya no solo en conspiraciones literarias, sino que en nuestro futuro como seres humanos. Esta provocación, sin lugar a dudas, hace de la novela de Brown algo único, pues dentro de toda esta dinámica del best seller -menoscabado por muchos-, se esconde un mensaje de identidad de especie que intenta arraigarse en el lector, intención del autor que deriva en un aporte casi existencialista que, le guste a quien le guste, hace de este su libro más arriesgado e influyente a la fecha.

CITAS DEL LIBRO:dan_brown

  • Lloró por la vida que no podía controlar. Lloró por el mentor que había muerto ante sus ojos. Lloró por la profunda soledad que atenazaba su corazón. Y, sobre todo, lloró por el futuro, que de repente le parecía tan incierto.
  • Locura es que la OMS contemple el abismo y niegue su existencia. Locura es que un avestruz meta la cabeza bajo la arena mientras una jauría de hienas la rodean.
  • El crecimiento de la población es una progresión exponencial en un sistema de espacio finito y recursos limitados. El final llegará de forma abrupta.
  • El transhumanismo —dijo Sinskey— es un movimiento intelectual, o una especie de filosofía, que se está extendiendo como la pólvora entre la comunidad científica. En esencia, los transhumanistas defienden que el ser humano debería utilizar la tecnología para trascender las carencias inherentes a nuestros cuerpos. En otras palabras, que el siguiente paso de la evolución humana debería consistir en que comenzáramos a manipularnos genéticamente a nosotros mismos.
  • Una vez se describió a sí mismo como alguien que intenta desesperadamente construir un bote salvavidas en un barco cuya cantidad de pasajeros se duplica a cada hora y que, por tanto, está condenado a hundirse por su propio peso. —Se detuvo un momento—. Así que propuso arrojar por la borda a la mitad de la gente.
  • Como carecía de coches y vehículos motorizados de tierra, en Venecia no había el habitual ruido del tráfico, los autobuses y las sirenas, y en sus calles, en cambio, se podía oír un inusual tapiz de voces humanas, arrullos de palomas y cadenciosos violines en plena serenata a los clientes de las terrazas. Los sonidos de Venecia no se parecían a los de ningún otro centro metropolitano del mundo.

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